Portada del episodio 38

episodio 38 · 29 oct 2026 · 4:06

Dedo pringoso en el MacBook, cintas zombis y chivatazo en PlayStation

Hoy en el Cutrepodcast comentamos el nuevo MacBook Pro táctil que cuesta un riñón y medio coche, la resurrección de las cintas magnéticas por culpa de la inteligencia artificial y el culebrón del hacker que vendió a su colega a Sony por cincuenta mil billetes. Además, Google saca pecho con Gemini cuatro Carbon, los daneses se pegan un tiro en el pie intentando huir de Microsoft Office y un astrónomo descubre un planeta enano creyendo que era un fallo de Windows. Tecnología sin filtros para que no te sientas tan solo en la oficina.

#apple#macbook#playstation#cintas#gemini
txt

Transcripción

Bienvenidos al Cutrepodcast, el único informativo de tecnología más cutre que un cable pelado con cinta aislante de los chinos y más fresco que el bocata de lomo que te dejaste en la guantera el domingo pasado. Dale al play que arrancamos.

Empezamos fuerte con Apple, que acaba de descubrir la rueda y ha presentado por fin un MacBook Pro con pantalla táctil y panel OLED. Eso sí, para que puedas llenarle la pantalla de dedos con grasa de patatas fritas tendrás que soltar un mínimo de más de tres mil trescientos euros en España. Y si se te va la pinza y quieres la versión tope de gama con todas las pijadas posibles, la broma se va a casi catorce mil quinientos dólares. Es un maquinón impresionante, pero por ese dineral ya podría venir Tim Cook a tu casa a pasarte una bayeta de microfibra cada media hora.

Cambiamos de tercio con una paradoja maravillosa de esas que te vuelan la cabeza. La empresa Fujifilm ha anunciado que va a multiplicar por cinco su capacidad para fabricar cintas magnéticas de almacenamiento. Sí, has oído bien, la versión gigante de los casetes que rebobinabas con un bolígrafo. Resulta que los servidores de inteligencia artificial tragan tantísimos datos que los discos duros y los chips se quedan cortos y caros para guardar copias de seguridad frías. Así que el futuro más puntero de Silicon Valley acabará guardado en carretes como si estuviéramos en mil novecientos ochenta y dos. Maravilloso.

Y ojo a esta telenovela digna de sobremesa. Un hacker consiguió romper por completo la seguridad más profunda de la consola PlayStation cinco utilizando herramientas de inteligencia artificial. Pero la magia duró poco, porque otro pirata se enteró del fallo y corrió a contárselo a Sony para cobrar la recompensa máxima de su programa de seguridad, unos cincuenta mil dólares limpios. El chivato se ha llevado la pasta, Sony ha respirado aliviada tapando el agujero y la comunidad de hackers está que echa humo por la puñalada trapera. El dinero no compra amigos, pero paga muchas consolas.

Seguimos para bingo con Google, que ha sacado pecho presentando su nuevo cerebro digital, el Gemini cuatro Carbon. Presumen de haber superado a Claude y a GPT en seguridad cibernética y en razonamiento complejo, colocándose en lo más alto de las listas de rendimiento. El detalle gracioso es que de momento casi nadie de a pie puede catarlo directamente, porque lo tienen guardadito bajo llave para empresas y pruebas de laboratorio. Es como si vas al concesionario, te enseñan un cochazo deportivo que no gasta nada, pero te dicen que solo puedes mirarlo a través de un cristal mientras te comes un caramelo.

No te lo vas a creer, pero huir de los tentáculos de Microsoft sigue siendo un deporte de riesgo extremo. Un municipio de Dinamarca decidió tener soberanía digital y sustituir el famoso paquete de ofimática de Windows por alternativas de código abierto gratuitas. Al principio todo eran sonrisas y aplausos ecológicos, pero la realidad se les vino encima como un piano de cola. Formatos incompatibles, aplicaciones municipales rotas y empleados al borde del colapso nervioso han obligado a frenar la transición. Al final, rebelarse contra el imperio del Excel da más dolor de cabeza que formatear un ordenador a ciegas.

Terminamos con ciencia de la buena y un poco de despiste informático. Un astrónomo estaba ejecutando un software de rastreo para analizar datos del espacio profundo más allá de Neptuno cuando el programa detectó un objeto enano rarísimo. El resultado era tan extraño y diminuto que el investigador pensó inmediatamente que su código tenía un fallo y se puso a buscar errores en el programa como un loco. Pues no, era un posible planeta enano real bautizado provisionalmente como dos mil veintiséis E D ciento treinta y ocho. Cuando la astronomía te regala mundos y tú creías que te faltaba un punto y coma.

Y con esto y un bizcocho, cerramos el kiosco por hoy. Cuidado con dónde ponéis los dedos grasientos y nos escuchamos en el próximo Cutrepodcast, si la tecnología no revienta antes.

Guion y voz generados por IA a partir de las noticias enlazadas abajo. Puede contener errores: ante la duda, manda la fuente.